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domingo, 16 de diciembre de 2012

Pajareo norteño.





El miércoles 12 y el jueves 13 estuvimos una par de amigos y yo por el norte. 

El centro de operaciones Castro-Urdiales, allí dormíamos y por supuesto primer destino para ver aves, sus playas.

 
 Martín pescador común (Alcedo atthis)

  Gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus)

 Cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis)

 Gaviota patiamarilla (Larus michahellis)



Sobre las doce de este primer día nos fuimos a las marismas de Santoña, un lugar siempre encantador y que recomiendo a todo el que no las conozca. Las limícolas y las aves del norte que buscan refugio en este enclave son siempre interesantes.

Zarapito trinador (Numenius phaeopus)
 
Chorlito gris (Pluvialis squatarola)
 
Aguja colipinta (Limosa lapponica) y Correlimos Común (Calidris alpina) 
 
Zarapito trinador (Numenius phaeopus)
 
Negrón común (Melanitta nigra)


Cisne Vulgar (Cygnus olor)


Zampullín cuellinegro (Podiceps nigricollis)

 Focha común (Fulica atra)


 
El entorno de las marismas es también espectacular.


El Jueves día 13 salimos a las 7:00 hacia Gijón, en Gijón recorrimos el puerto y las playas.
 Vuelvepiedras común (Arenaria interpres)

Gaviota sombría (Larus fuscus)

Colimbo grande (Gavia immer)

 Vuelvepiedras común (Arenaria interpres)



También el parque de Isabel la Católica, un lugar lleno de sorpresas aladas.
Gaviota cabecinegra (Larus melanocephalus) 

 
 Barnacla cariblanca (Branta leucopsis)


 Junto a este parque pasa el rio Piles cuya desembocadura también recorrimos, y en ella pudimos ver,

Cormorán grande (Phalacrocorax carbo)
 
Correlimos oscuro (Calidris maritima)

Dos días dedicados íntegramente a la observación de aves, con dos compañeros fantásticos, que más se puede pedir….bueno pues el gavión y el ampelis….otra vez será.

martes, 20 de noviembre de 2012

 

Informaros por si queréis pasaros de que tengo esta exposición desde el día 17 hasta el día 30 en el centro cultural Lazaro Carreter en Madrid.

El horario del centro des de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00

Un saludo

sábado, 17 de noviembre de 2012

ALIMENTACIÓN DEL BÚHO CHICO (Asio otus) EN AMBIENTES URBANOS

Búho chico (Asio otus)

INTRODUCCIÓN

El búho chico (Asio otus), además de ser el más silencioso y retraído de nuestros búhos, es uno de los peor conocidos. De hábitos estrictamente nocturnos y más bien forestales, se trata de una especie ampliamente repartida por nuestro territorio, aunque con desiguales densidades.

De aspecto estilizado y elegante, el plumaje críptico le permite mimetizarse con el boscoso medio que frecuenta. Presenta una cabeza redondeada y rematada por “orejas” que le sirven para descomponer su silueta e indicar excitación o miedo. En la cara destaca un ribete de plumas blancas en forma de “x” que enmarca el pico y los anaranjados ojos.

HÁBITAT

Aunque depende estrechamente de las formaciones boscosas para criar, el búho chico prefiere zonas con arbolado disperso, bosques-isla y sotos ribereños, y se instala junto a claros y linderos si se trata de un bosque muy extenso. Siente especial predilección por los pinares, asentándose incluso en los de repoblación.

ZONA DE ESTUDIO

Para el estudio, se ha seleccionado un núcleo urbano donde existe presencia de búho chico. En dicha localidad, el búho chico ha seleccionado una pequeña repoblación de pinos próxima a un parque y a edificios deportivos y de viviendas. 

Hábitat de Búho chico en la zona de estudio

ALIMENTACIÓN


El búho chico es un cazador estrictamente nocturno, capaz de dar caza, incluso en las peores condiciones de luz, a una gran variedad de pequeños y medianos vertebrados, desde pajarillos hasta gazapos, si bien su dieta básica, se centra en el consumo de micromamíferos (topillos, ratones de campo, ratas, etc.). Ocasionalmente puede predar sobre grandes insectos, reptiles y anfibios.

El estudio de la alimentación de la especie se ha realizado a través del análisis de egagrópilas recogidas en la localidad seleccionada.

Las egagrópilas son bolas formadas por restos de alimentos no digeridos que algunas aves regurgitan y expulsan por la boca. Normalmente contienen hueso y pelo, porque son elementos duros y difíciles de digerir por las aves.

Egagrópilas de búho chico

Egagrópila de búho chico

RESULTADOS DEL ANÁLISIS DE LAS EGAGRÓPILAS

En total, se han analizado 31 egagrópilas de búho chico. En dicho análisis, se ha prestado especial atención en los restos de cráneos y mandíbulas encontrados, puesto que la dentición permite identificar las distintas especies de micromamíferos presentes en un lugar determinado. Los resultados obtenidos son los siguientes:

 En el interior de las 31 egagrópilas recogidas, se han encontrado restos de 5 micrótidos (topillos), 17 múridos (ratones), 3 musarañas  y 9 aves de pequeño tamaño.

Picos, cráneos y mandíbulas encontrados en las egagrópilas

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Relato de un humedal: La laguna del Oso

Alrededor de las 13 horas hicieron acto de presencia los primeros miembros de Seo Segovia en uno de mis observatorios. Antes de lo esperado. Parece que las cosas por el azud de Riolobos no fueron como esperaban. El cielo permaneció toda la mañana completamente encapotado y únicamente en pequeños periodos de tiempo la lluvia se ausentaba para permitirles salir del coche. Entre los inquilinos del Azud de los que pudieron disfrutar destacaban la gran cantidad de azulones, algunos patos cuchara, somormujos, cormoranes, gaviotas sombrías, algún aguilucho lagunero, garza real, perdices, un cernícalo, algún milano real... En uno de los momentos en que se decidieron a hacer uso del telescopio, pudieron observar un grupo de grullas y alguna liebre en los campos de alrededor. Pero la lluvia persistente, les invitó a dirigirse a la Moraña, lugar en el que me encuentro, ofreciéndoles una grata despedida con el espectaculo ofrecido por un gavilán y un aguilucho lagunero, que las tenían entre sí.

 Arco iris a la llegada a la laguna del Oso

Tras una rápida visita a El Oso y posterior aventura por los caminos embarrados del entorno, se aposentaron en el observatorio para observar a algunos de los huéspedes habituales de la época. En la lámina de agua reposaban gran número de azulones y patos cuchara, en compañia de alguna cerceta y ánade silbón. En los campos de alrededor hacían acto de presencia estorninos, avefrías, gansos, cornejas, algunas grullas, un cernícalo común, milano real, trigueros.

Estando al cobijo del observatorio, y habiéndose unido otros miembros del grupo liberados de sus quehaceres matutinos, también pudieron disfrutar de especies muy de cerca, como los trigueros, un bisbita alpino o alguna lavandera blanca.
 Lavandera blanca (Motacilla alba)
 
Bisbita alpino (Anthus spinoletta)


El espectáculo para amenizar la tarde estuvo a cargo de las aves rapaces, haciendo acto de presencia un águila imperial, un busardo ratonero, una pareja de aguiluchos pálidos, un aguilucho lagunero y un veloz esmerejón. Estos últimos, con sus vuelos a ras del carrizo, causaban gran pavor entre las pequeñas aves, que huían prestas a refugiarse.

Busardo ratonero (Buteo buteo)

  
Aguilucho lagunero (Circus aeruginosus) hembra sobre el carrizal

Aguilucho pálido (Circus cyaneus)

Pero les aguardaba lo mejor. Al anochecer, vienen a cobijarse en mi grandes bandos de grullas y ánsares, y en mis orillas ocupadas por el carrizo se juntan gran número de escribanos palustres para pasar la noche.

Grullas (Grus grus) llegando a los alrededores de la laguna

La luz se apagaba y era el momento de volver al pueblo, y ya entre la gente local, comentar lo que el día había dado de sí. Sólo me queda esperar su pronto regreso para poder seguir disfrutando de la grata compañia de gente que me aprecia y respeta. Seguro que en breve estarán aquí de nuevo, pues aún les queda mucho por conocer de mis ocupantes.  

Pd: Hoy debemos alegrarnos por la recuperación de uno de los mejores representantes de los humedales ibéricos. La sociedad toma conciencia y la naturaleza, sabia, lo agradece. 




sábado, 10 de noviembre de 2012

Tour por Valladolid sur



El pasado día 06 noviembre, Juan Matute, Paco Miguelañez y un servidor coincidimos en tener un día libre, evento que solo ocurre muy de cuando en cuando. Para celebrarlo quedamos a las 8:00, antes que si tuviéramos que trabajar, y nos fuimos de campo a la zona sur de Valladolid.
En principio el objetivo eran las grandes aves de la zona, algunas de ellas invernantes.
La primera parada, laguna de Aguasal, aun hacia frio, la actividad era escasa, aun así nos recibe un zorro al que sorprendemos y sales corriendo como una exhalación. Pudimos ver además ánade real, pato cuchara, pechiazul, bisbita alpino o escribano palustre entre otros.


 Zorro rojo (Vulpes vulpes)


 Escribano palustre (Emberiza schoeniclus)


Ya metidos de lleno en la búsqueda de las “grandes”, vimos una imperial, un joven con un plumaje que nos metió en harina para discutir si pajizo o damero, la densidad de conejos en algunas zonas, permite que la imperial se vea con facilidad. Las avutardas fueron esquivas, quizás por el aire que era fuerte y las hacia permanecer agachadas entre el herbazal. Las grullas pasan menos desapercibidas, sus trompeteos las delatan, y de nuevo como todos los años al escucharlas, me ponen la piel de gallina.


Conejo común (Oryctolagus cuniculus)


Avutarda común (Otis tarda)


 Grulla común (Grus grus)


 Grulla común (Grus grus)


El final del viaje llegó con la visita a la reserva natural de riberas de  Castronuño, único espacio protegido en la provincia de Valladolid. Ahora el principal protagonista, es el cormorán grande con dormideros enormes. Disfrutamos de la entrada de los cormoranes a los dormideros y de algún ave más, como el aguilucho lagunero, el somormujo lavanco o el martín pescador entre otros.


Cormorán grande (Phalacrocorax carbo)


 Dormidero de cormorán grande (Phalacrocorax carbo)


 Cormorán grande (Phalacrocorax carbo)


49 especies. Buena compañía. Una comida en el campo. Un gran día de observación de naturaleza.

lunes, 8 de octubre de 2012

En un lugar de Asturias, que siempre recordaré

Nos despertamos con un ruido de tormenta, truenos, viento, lluvia... Nada más lejos de la realidad, son las 6:30 de la mañana y lo que suena es la introducción de una gran canción elegida para ser nuestro despertador. Hemos descansado bien, durmiendo en cama y con una ducha anterior que ya hacia falta. El ánimo es bueno y tenemos toda la ilusión ante la que es nuestra última oportunidad antes de volver a tierras segovianas.

Atrás dejamos 3 duros días pasados en el campo, en los que hemos podido disfrutar con todo el esplendor de la naturaleza de la cordillera Cantábrica. Si bien, la niebla ha sido una asidua compañera de viaje que ha dificultado nuestras observaciones.
Durante nuestro recorrido hemos pasado por distintos ecosistemas, como hayedos, pequeños pinares, brezales, zonas cubiertas de arándanos y los predominantes pastos de alta montaña, ocupados en esta época por una alta densidad de ganado vacuno, que se desplaza desde los valles en los que pasa el invierno a las zonas más altas, donde aprovecha los pastos durante el periodo estival. En estas zonas de pastos se encuentran las famosas construcciones circulares con techo de gran pendiente hecho de materia vegetal conocidas como brañas, en las que los hombres pasaban el verano junto a su ganado tras tener lugar la transterminancia, nombre con el que se denomina los movimientos estacionales del ganado.

Los momentos en que la niebla nos dio un respiro los aprovechamos bien, y en seguida sacamos el material óptico para disfrutar con la riqueza de estas montañas.
Son muchas las especies con las que hemos podido disfrutar estos días, como cernícalos vulgares, cuervos, cornejas, abejero europeo, alguna águila culebrera, zorzal común, pinzones, escribanos cerillo y montesino, chochín, carbonero común, petirrojo, tarabillas, colirrojo tizón... También nos deleitaron con su presencia un zorro, un grupo de jabalíes, los rebecos y una simpática salamandra que nos acompañó durante el desayuno en una de los húmedos amaneceres.  
Collalba rubia (Oenanthe hispanica)
 
Lavanderas cascadeñas (Motacilla cinerea)

Acentor común (Prunella modularis)


Cabe destacar la gran abundancia de papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca) que pudimos observar, siendo una constante en los laterales de los caminos. 
 
Como siempre, el entretenimiento corrió a cargo de las chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax), con sus vuelos acrobáticos en torno a las zonas más rocosas de las cumbres. La nota negativa la puso el hallazgo de un ratonero (Buteo buteo) que tuvo la fatalidad de encontrarse con una alambrada durante su vuelo que no pudo esquivar.

Las largas sesiones de búsqueda por las laderas montañosas nos han dejado grandes momentos. Y antes de dirigirnos a la última de ellas, volvemos a recordar de forma especial el último avistamiento de la tarde anterior. Quedaban pocos minutos de luz y pudimos ver salir de un hayedo un gran ejemplar de ciervo (Cervus elaphus)

Son las 7 de la mañana, y después de recordar todo lo visto en días anteriores, nos disponemos a afrontar la última de las esperas. La temperatura es baja, pero no corre viento y el poder disfrutar de un bonito amanecer libre de niebla, por fin, nos augura un buen día.


Y cuando el sol empieza a brillar con fuerza e iluminar la ladera que prospectamos, las esperanzas e ilusión se vienen abajo. Empezamos a pensar en cuándo repetir el viaje, cómo mejorarlo, los errores que hemos podido cometer, lo bueno que nos llevamos... Antes de recoger debemos echar otro vistazo, no sea que... Nunca se sabe. A nuestro lado llegan unos compañeros naturalistas con nuestro mismo objetivo. Entre todos comenzamos la última prospección y... ¡AHÍ ESTÁN!!! ¡Aparecen en la parte alta del canchal! Vienen de la ladera opuesta y descienden en altura al igual que la línea que marca el paso de la sombra al sol.

Osa con dos oseznos (Pinchar en la imagen para ver mejor)

Es una osa con dos oseznos nacidos a principios de este año. Descienden raudos, permaneciendo casi siempre a la sombra. La osa se impacienta en su camino hacia el hayedo cuando los oseznos se entretienen en algún arbusto. Finalmente, se adentran entre las hayas y les perdemos de vista.

Han pasado varias semanas desde entonces, pero aún podemos recordar cada momento de este avistamiento. Supuso un broche ideal para terminar nuestra estancia por tierras asturianas, y por supuesto, nos anima a volver a tierras donde la naturaleza se conserva en su esplendor con un aprovechamiento sostenible por parte del hombre. Solo nos queda esperar que los oseznos colonicen nuevas tierras de la cordillera Cantábrica y aseguren un próspero futuro para una especie tan escasa, delicada, amenazada y emblemática como el oso pardo (Ursus arctos). ¡SUERTE!