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martes, 12 de julio de 2022

¡VAYA CAMPAÑA DE VALLADOS LLEVAMOS!

Un año más, el grupo local de SEO-Segovia, junto con miembros del grupo local SEO-Sierra de Guadarrama y multitud de colaboradores y voluntarios, nos hemos echado al campo a buscar nidos de aguilucho cenizo (Circus pygargus) para salvarlos de las máquinas cosechadoras. 11 años consecutivos  contemplan a la campaña de protección de nidos de aguilucho en la provincia de Segovia, ahí es nada.

En todo este tiempo hemos ido aprendiendo sobre la especie: su ciclo reproductor, su dieta, su migración... También hemos aprendido mucho de las labores agrícolas: las fechas de la recogida del cereal, el tipo de cultivos, el precio al que se vende el grano...

Pues bien, después de 11 años, podemos decir que este está siendo el peor de todos con diferencia. De los aproximadamente 80 nidos de aguilucho cenizo que se han encontrado hasta la fecha en la provincia, se han tenido que vallar la gran mayoría de ellos y los que no se han vallado, es porque se ha perdido la puesta por abandono o depredación. Se cuentan con los dedos de las manos los nidos que no han necesitado ayuda para que los pollos vuelen. A falta de análisis exhaustivo de los resultados finales, está siendo una campaña para olvidar. Buscando las posibles causas de esta trágica campaña, tenemos claro que la ola de calor de mayo junto con la escasez de lluvias de la primavera han jugado una mala pasada a los aguiluchos. Adelantó mucho la maduración del grano del cereal e impidió que cogiera altura, encontrándonos en muchas ocasiones cultivos raquíticos en cuando a altura y espesura del cereal. El adelanto de la cosecha estaba asegurado, sin duda la peor de las situaciones para los aguiluchos y otras especies esteparias que crían en los sembrados.  A esto hay que sumar que los aguiluchos han comenzado a criar más tarde que otros años, quizás esperando que llegara un clima más favorable que nunca llegó. Esto ha hecho que los pollos hayan nacido bien entrado el mes de junio.





Adelanto de la cosecha y retraso en la reproducción, no puede haber una peor combinación. Solución: vallar casi todos los nidos; problema: que aún vallando, los pollos eran en bastantes ocasiones muy pequeños, lo que supone que el nido permanezca demasiado tiempo expuesto a posibles depredadores terrestres y alados. El nido se convierte en un oasis en medio del desierto, porque sí, una vez que se cosecha el cereal, los campos de cultivo se transforman en un desierto, gracias a esa nefasta política de  eliminar toda la vegetación natural de linderos, regatos, cunetas, etc. para obtener un mayor rendimiento. Y al oasis acuden cigüeñas, milanos, águilas calzadas, zorros, serpientes... Los padres no dan abasto para expulsar del territorio a todo intruso que se aproxime con idea de llenar el buche a costa de su descendencia, pero no siempre lo consiguen. Además, tenemos la sospecha de que, con el paso de los años, muchos de estos depredadores se han aprendido la lección, y son capaces de relacionar vallado con comida... mal asunto. Una vez concluida la campaña toca reflexionar y buscar soluciones, las encontraremos seguro, los aguiluchos lo merecen!




Pero no todo van a ser malas noticias. Este año hemos empezado a utilizar un drone en la campaña para encontrar los nidos sin necesidad de entrar en el cereal, algo muy interesante ya que, aunque se haga con todo el cuidado del mundo, siempre cabe la posibilidad de dejar un ligero rastro que pueda ser aprovechado por algún depredador para encontrar el nido sin esfuerzo. El drone reduce el riesgo a la mínima expresión y además permite revisar los nidos con mayor rapidez una vez se tienen las coordenadas, y no pisamos el cereal, todos contentos. Es sin duda la herramienta del presente y del futuro a medio y largo plazo para este tipo de campañas.



También tenemos la suerte de poder disfrutar, por tercer año consecutivo, el viaje migratorio de nuestra querida Jara, esa hembra de aguilucho cenizo radiomarcada en Ortigosa de Pestaño que no para de aportar datos de gran valor para conocer mejor los movimientos de la especie entre ciclos reproductores. Todos los años, una vez concluida la reproducción, ha elegido la misma ruta para llegar al sur del desierto del Sahara, cruzando siempre por el Estrecho de Gibraltar; y todos los años, una vez allí se ha ido desplazando hacia el Este durante el invierno, haciendo 3 paradas en las mismas zonas año tras año. En donde ha ido cambiando, ha sido en la ruta elegida para regresar a Segovia, unas veces más al Este, otras veces más al Oeste, cruzando por diferentes puntos cada año el Mar Mediterráneo para cambiar de Continente. Es sin duda un viaje emocionante y somos unos verdaderos privilegiados y afortunados de poder seguirlo año tras año con tanta precisión. Además, es el nido más fácil de localizar de todos, no hace falta ni salir de casa. Una vez más, la tecnología puesta la servicio de la conservación de la naturaleza.

Y por último, y no menos importante, la colaboración, cada vez más destacada, de los agricultores segovianos, que han dado la vuelta a la tortilla, y ahora son ellos los que nos llaman para decirnos que tienen un nido de aguilucho en su tierra y se ponen manos a la obra ayudando a vallar los nidos cuando ha hecho falta. El mensaje va calando año tras año, y la gente del campo empieza a conocer y a valorar lo que tiene a su alrededor, comprende la importancia de conservar un ecosistema cada vez más amenazado. La conservación del aguilucho cenizo y de otras especies esteparias depende de todos, y si ponemos cada uno un poco de nuestra parte (administraciones, agricultores, organizaciones conservacionistas, cazadores), el futuro se puede ver con esperanza y optimismo.


GRACIAS A LOS VOLUNTARIOS, A LOS AGRICULTORES, A LOS AGENTES DEL SEPRONA, A LOS AGENTES MEDIOAMBIENTALES, A LOS TRABAJADORES DE LA DIPUTACIÓN Y DE LOS AYUNTAMIENTOS... GRACIAS A TODOS! 

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