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viernes, 2 de septiembre de 2016

Vuelta Ornitológica de Islandia en Junio

Durante los días 2 al 15 de junio de 2016, dos parejas aficionadas a la ornitología, estuvimos realizando un viaje ornitológico-turístico por Islandia; nos basamos en los “sitios de interés” de Ebird para Islandia y en el viaje de David Díaz (colgado en reservoirbirds.com).

Ornitológicamente hablando, destaca:

-          Ver especies que apenas se ojean en la Svensson al no tener posibilidades de encontrarlas en España.
-          Ver limícolas y especies nórdicas que se ven en España, pero ahora en plumaje nupcial
-          Ver especies escasas en España (o que se ven muy lejos desde un cabo) pero a distancia irrisoria.
-          Ver comportamientos de cría y celo.
-          Ver pollitos.

En los 12 días efectivos, recorrimos 3200 km a bordo de un todocamino (Renault Kadjar), viendo 73 especies, de las que 27 fueron primeras observaciones y 1 subespecie nueva (chochín islándico).

Nos llamó la atención la poca presencia de depredadores pues en 12 días intensivos tan sólo vimos un halcón gerifalte y un zorro ártico. Nos faltaron las observaciones de esmerejón, pigargo y búho campestre que tuvimos que compensar con los abundantes págalos que se dedicaban a depredar pollitos. Había alimento, por lo que las condiciones de cría allí eran óptimas: las agachadizas hacían constantemente sus sonoros vuelos de celo y se las veía por doquier, frente al comportamiento tímido y huidizo que adoptan en nuestra península ibérica.

Uno de los grandes descubrimientos fue muy pequeño y estilizado: el falaropo picofino, esta sorprendente limícola, presenta los roles invertidos: es la hembra la que presenta una coloración más atractiva y la que compite por el macho (curioso ver cómo alejan a otras hembras de su “hombre”), que es el que se encarga de incubar la nidada. Además, esta curiosa limícola, a la que normalmente vemos siempre nadando cual acuática, se alimenta de insectos en tierra durante la época de cría, convirtiéndose en pelágica el resto del año, pasando el resto del año en alta mar al sur de las costas de la península arábiga.

Otra sorpresa es por ejemplo la ausencia de vencejos, golondrinas y aviones, sobre todo teniendo en cuenta la poca dificultad que tienen estas aves para recorrer grandes distancias en migración, pues en ciertos lugares como en el Lago Myvatn la abundancia de insectos voladores es asombrosa.

INTRODUCCIÓN

Islandia posee 103.000 km2 (el equivalente a Castilla y León y Asturias juntos), con una población de 330.000 habitantes, de los que 200.000 viven en el área metropolitana de Reykjavik; el resto de la población se distribuye alrededor de la franja de costa del país, ya que el interior, volcánico y glaciar está deshabitado. En nuestro viaje no vimos ni una sola tierra cultivada (sí algún invernadero), siendo las granjas únicamente dedicadas a la ganadería (las omnipresentes ovejas y los caballos, ambos de raza autóctona islandesa).

VIAJE

Tras el paseo antes del desayuno por la costa cercana al guesthouse y toma de contacto con las primeras aves (menuda alegría con los primeros eider…que luego los encontraríamos hasta en la sopa, je,je), nos dirigimos a Gardur, a la punta donde se encuentra el faro, en el que nos encontramos con las primeras emocionantes especies: Ostrero, vuelvepiedras, gaviota polar, eider, alcatraz, chorlito dorado, colimbo grande, zarapito trinador, gavión, y correlimos tridáctilo en plumaje nupcial (no lo volveríamos a ver en otro lugar). Un poco más lejos, a la entrada de Sandgerdi, hay una laguna con Falaropo picofino, aguja colinegra, serreta mediana, porrón moñudo, gaviota polar. Entre Sandgerdi y Hafnir, una interesante colonia de eider, en la que había paisanos recogiendo el flojel: que es el plumón que se arrancan los eider del pecho para tapizar el nido, y que los paisanos recogen sustituyéndolo por heno; este flojel, único y caro, es el relleno genuino de los famosos edredones nórdicos.

En los acantilados Hafnaberg, a los que hay que dedicar media hora larga de caminata por un incómodo sendero de arena y piedra; la gente que nos cruzábamos de vuelta decía decepcionada: “only birds”, “many birds”, y nosotros apretábamos en paso, encantados. Allí encontramos una colonia de gaviota tridáctila, arao común y fulmar. El arao común ya no fue tan abundante ni tan cercano el resto del viaje y el de Brünnich ya no lo volvimos a ver. Por la tarde, visita turística a Reykjavik, donde escuchamos por primera vez el canto del zorzal alirrojo (le gusta perchar).


Foto  1: Fulmar boreal (Fulmarus glacialis)



Foto  2: Arao Común (Uria aalge)



Foto  3: Alca Común (Alca torda)



Foto  4: Cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis)

En el bosque de Hofsstadaskogur, donde encontramos esta curiosa señal:



Foto  5: Señal en el bosque de Hofsstadaskogur

En este lugar oímos y localizamos al chochín islándico, subespecie más grande y gris, y que al contrario que la nuestra, no frecuenta las zonas bajas, sino las copas de los árboles. Cerca se encuentra la preciosa iglesia de Budir, en cuyo cementerio vimos uno de los motivos más repetidos en las lápidas islandesas: unos pajarillos sobre ellas (realmente encantador para los ornitólogos):
 


Anarstapi es un lugar imprescindible, tanto por sus plataformas sobre el mar como por su muy transitado paseo hacia Hellnar. Aquí la emoción llegaría con los primeros patos arlequines (¡qué animal más espectacular!). A poco de tomar el desvío a Hellnar, vimos una señal de “zona de protección”, pues debía de haber una lagunilla tras una loma, y faltos de tiempo, no nos paramos y luego nos arrepentimos: se citó al día siguiente un falaropo picogrueso, especie que nosotros ya no vimos en nuestro viaje.

En Hellnar la emoción volvió a cotas máximas, cuando tras ver una foca extrañamente cercana a la orilla de la cala y estar ensimismados con los arlequines, Javier gritó: ¡¡ Orcas !!, bastante cerca de la costa (lo que es poco habitual), cazando, con crías incluidas. Se formó un revuelo importante entre los locales, especialmente en el grupo de españoles que andaba por allí en compañía de un "bilbaíno por el mundo", injertado en la isla; las pudimos disfrutar cerca de 20 minutos.



Foto  6: Pato Arlequín (Hystrionicus hystrionicus)



Foto  7: Charrán ártico (Sterna paradisaea)

En Rif, hay una serie de lagunillas en las que hicimos dos visitas totalmente distintas: una pre-desayuno a las 08:03, fantástica, con barnacla carinegra, canadiense, ánsar piquicorto, zorros árticos y mucho bicherío, y otra a las 10:15 cuando el tiempo había cambiado y había arreciado un viento frío y fuerte que espantó a la mayoría de las aves matutinas, …tal es la variabilidad del tiempo islandés; aunque en la lagunilla más cercana al pueblo, encontramos el colimbo chico en el nido, a 50 m., con el cuello extendido y "cara de preocupación"; también cayó el único porrón osculado del viaje y observamos falaropos picofinos con la hembra defendiendo a “su macho” de otra hembra (esta interesantísima especie presenta los roles invertidos).

En el bonito lugar de Stykkishólmur vimos el primer frailecillo del viaje. Desde allí cogimos nuestra primera carretera larga de tierra: la 54. En de laguna de Haukadalsvatn vimos nuestra primera pareja de serreta grande. Parada en Blönduós, donde hay un observatorio en la desembocadura del río, cuyo alrededor estaba copado por ánsares comunes y sus pollitos, aquí encontramos silbón, gaviota polar y colimbo grande. Cerca tuvimos un inesperado alojamiento en el que al día siguiente, antes de desayunar, censamos 27 especies (número normal en España pero mucho para Islandia), incluido un nido de gaviota cana en una islita enfrente del río y un par de ánsares piquicortos.



Foto  8: Colimbo grande (Gavia immer)



Foto  9: Eider común (Somateria mollissima)

De camino al lago Myvatn, nos desviamos a la interesante granja de Glaumbaer, posteriormente encontramos la primera gran cascada Godafoss (la Cascada de los Dioses) y por fin, llegada al mítico lago Myvatn (Lago de los Mosquitos, que son más bien moscas pequeñas e inofensivas, ya que no nos picaron). La primera parada aquí fue espectacular, tanto por el número de moscas que nos atosigaban como por el bicherío del lago: los primeros porrones islándicos, haveldas en varias fases de plumaje y zampullines cuellirrojos en plumaje nupcial (subidón de endorfinas a niveles críticos). Los patos y los falaropos picofinos no paraban de comer las moscas que caían al agua (¡que atracón, por Dios¡). Hay que señalar que no en todas las zonas del lago había la misma cantidad de moscas, pues en algunas era soportable, sin embargo, junto al bosque de Hofni, la concentración fue tan inverosímil, que las chicas se negaron a salir del coche.



Foto  10: Moscas en el Lago Myvatn

En la zona del museo de aves Gjarfjial, encontramos una pareja de zampullines cuellirrojos comiendo peces y ¡haciendo el nido junto al camino!… seguro que han sido los más fotografiados de la temporada islandesa. El resto de tarde lo dedicamos a la zona geotérmica del volcán Viti, con vistas al temible Kafla, y paseos por solfataras bufadoras y malolientes (eso sí, sin moscas, ¡que tranquilidad¡).


Foto  11: Pato havelda (Clangula hyemalis), los puntitos son moscas.


Foto  12: Zampullín cuellirrojo (Podiceps auritus)

En Husavik hicimos la habitual excursión en barco para ver ballenas, además de las múltiples ballenas que observamos (Ballena azul!, jorobada, y rorcual aliblanco entre otros), observamos el único halcón gerifalte del viaje y se lo cantamos al resto del barco, motivo por el cual nos denominaron los “expertos ornitólogos españoles”.

En Berg, hablamos con un ornitólogo local que nos indicó que en las lagunillas del pueblo había una cerceta americana (anas carolinensis) y en el río multitud de focas.



Foto  13: Porrón bastardo (Aythya marila)



Foto  14: Gavión atlántico (Larus marinus)

Por la carretera de los acantilados al norte de Husavik, quisimos hacer una parada en una colonia de frailecillos, pero una barricada casera nos lo impidió. Un poco mas adelante, los playones de tierra negra de Öxarfjordur sobrecogían.


Foto  15: Barricada por cría de aves

Visitamos Asbirgi, un bonito cañón cortado verticalmente con colonia de fulmar y un laguito al fondo con porrón islándico, y posteriormente, fuimos a la espectacular cascada de Detifoss por una carretera que se encontraba tan polvorienta, que había que dejar amplio margen con los coches precedentes, y casi frenar cuando te cruzabas con alguien, pues no se veía apenas por el polvo que levantaban los coches.

Una vez incorporados de nuevo a la carretera 1, hay que estar pendiente de ver los ánsares piquicortos, pues se ven en esta zona. Abandonada de nuevo la 1, por carreteras de tierra, subimos el puerto de la 917 con paredes de nieve de 6 metros en los laterales, prueba de que los islandeses se comprometen a abrir sus carreteras en junio y lo cumplen.

Foto  16: Zorzal alirrojo (Turdus iliacus)



Foto  17: Archibebe común (Tringa totanus) omnipresente

En Brunnavik sufrimos las iras de los charranes árticos, pues la carretera pasaba junto a una colonia de cría, y montan una escandalera de aúpa sobre sobre las cabezas de los intrusos, haciendo picados e incluso son capaces de cagarte o de picar (no duele). Aquí también se encuentra una accesible y muy interesante colonia de frailecillos, donde se pueden ver y fotografiar realmente a placer.



Foto  18: Frailecillo común (Fratercula arctica)


Foto  19: Correlimos común, Falaropo picofino y Charrán ártico

En la la bahía de Breiddalsvik, donde la carretera que cruza es cubierta eventualmente por la marea, hay un amplio arenal negro donde encontramos la mayor cantidad de limícolas de nuestro viaje: (unos 300 correlimos comunes, 80 archibebes comunes, 30 chorlitos dorados, 20 agujas colinegras, 20 ostreros y 30 chorlitejos grandes).

En Djupivogur hay dos lagunas divinas con observatorios incluidos (no muy abundantes en Islandia), y bonita playa de arenas negras.

Continuando hasta nuestro alojamiento, pasamos junto a grandes concentraciones de eider común y de cisne cantor en el mar.



Foto  20: balsa de Eider común (Somateria mollissima)



Foto  21: pareja de Lagópodo alpino (Lagopus muta)

En las lagunillas de la granja de Hraunkot, encontramos las primeras barnaclas cariblancas del día. Y en Höfn asistimos a un ritual que ese día veríamos en varios lugares, principalmente en Jökulsarlón: colonia de charranes árticos, que de pronto se alborotan hasta que descubres que el motivo es uno o dos págalos (grande o parásito) que terminan capturando un pollito y llevándoselo. Este día también tuvimos el cielo cubierto, y no nos dejó ver la cima del Hvannadalshnjúkur.

Jökulsarlón es un lugar imprescindible, tanto paisajísticamente como ornitológicamente. Aquí, entre decenas de coches constantemente entrando y saliendo, un escribano nival se dedicaba a picotear los insectos de los radiadores de los coches ¡pero qué listos son!. En la escollera de la desembocadura, encontramos los ansiados correlimos oscuros bastante cerca.

El resto de día ya no fue ornitológico: lago y glaciar de Fjallsjökull, cascada de Svartifoss y travesía a través del Skreidarársandur, llanura de unos 40 km de arenas negras, peligrosa en días de fuerte viento, ya que éste impulsa la arena con tal fuerza que es capaz de lijar la pintura de la carrocería de los coches, para lo cual hay un seguro específico en la isla, muy caro, que intentan venderte como sea (seguro SAAP).

 


Fotos  22: Escribano nival (Plectophenax nivalis) y Págalo grande (Catharacta skua)



Foto  23: Correlimos oscuro (Calidris marítima)

Vik y su famosa playa de arena negra de Reynir es otro lugar imprescindible. Desde Gardar, subimos al faro (también recomendable) para continuar visitando las cascadas de Skógafoss, Seljalandsfoss, y Gljúfrafoss. En la reserva de Floi, hay parejas de colimbos chicos y falaropos picofinos en todas las lagunas, aunque no encontramos a la escondidiza lechuza campestre, que nos quedó pendiente en el viaje.



Foto  24: cascada de Seljalandfoss



Foto  25: pareja de Falaropo picofino (Phalaropus lobatus)

El penúltimo día lo dedicamos al famoso triángulo de oro: cascada de Gullfoss, geiser de Strokkur y las fumarolas contiguas, casa-cueva de Laugarvellir, lago Laugarvatn y finalmente la falla de Thinvellir, donde hallamos al deseado pardillo sizerín, se ven patos arlequines y los ánsares no se asustan de los visitantes.



Foto  26: Colimbo chico (Gavia stellata)



Foto  27: Ánsar común con pollos (Anser anser)

En Sellfos hubo sizerines y piquituertos y en Reykjavik, en la península de Selftjarnarnes la perla final: dos correlimos gordos en plumaje estival.



Foto  28: Cisne cantor (Cygnus cygnus)


Foto  29: Correlimos gordo (Calidris canutus)

Formaron parte: Toni Alonso, Rosa Peña, Javier Fernández y Amelia Aguirre.

Texto: Toni Alonso
Fotos: Rosa Peña (salvo lápidas y págalo grande, de Javier Fernández)


Una versión más amplia de este viaje se encuentra colgado en http://www.reservoirbirds.com/TripReports.asp

lunes, 22 de agosto de 2016

EL HALCÓN DE ELEONORA, UN “POKEMON LEGENDARIO” EN SEGOVIA



Los ornitólogos y amantes de la naturaleza vemos con perplejidad las noticias de las últimas semanas sobre la fiebre de los pokemon. Alucinamos con que la gente salga de casa, móvil en mano, a buscar personajes animados cuando a su alrededor tienen un sin fin de seres vivos de los que disfrutar. Nosotros, en nuestro tiempo libre, cogemos prismáticos y telescopios para observar la naturaleza que nos rodea y nos dedicamos a “capturar” a través de los objetivos de nuestras cámaras aves, insectos, mamíferos, reptiles, anfibios, plantas…

En la provincia de Segovia, en los diferentes ecosistemas que alberga, desde las cumbres de la Sierra de Guadarrama, pinares, robledales, encinares, sabinares, páramos, pastizales, estepas cerealistas, riberas de ríos y arroyos, lagunas, cortados rocosos… podemos descubrir aproximadamente unas 200 especies de aves distintas a lo largo del año, entre residentes, invernantes, estivales, en paso o divagantes. Hay entretenimiento para rato entre Parques Nacionales y Naturales, espacios protegidos de la Red Natura 2000 y paisajes de gran belleza y singularidad, donde habitan un sin fin de especies animales y vegetales por descubrir…

Y de entre todas ellas, me quiero detener en una especie que, si seguimos con el símil de los pokemon, podíamos considerar como legendaria para la provincia de Segovia, por lo difícil de su observación en tierras segovianas ya que pasa poco tiempo en ellas y en enclaves muy concretos; se trata del halcón de Eleonora (Falco eleonorae). Su nombre proviene de Eleonora DÁrborea, última regidora de la Cerdeña independiente, quién, a finales del S.XIV y comienzos del S.XV promulgó varias ordenanzas de protección de las aves rapaces en esta isla del Mediterráneo.

Se trata de un halcón de mediano tamaño, algo más pequeño que el halcón peregrino, que presenta dos variedades distintas de plumaje; por un lado, existe la forma de plumaje clara, en las que las zonas superiores son de color pardo oscuro, el vientre es rojizo y barrado, siendo las mejillas pálidas y surcadas por una marcada bigotera. En vuelo, da la impresión de ser bastante oscuro por debajo.


La otra forma de plumaje se denomina oscura, ya que luce un plumaje completamente negruzco tanto en el dorso como en el vientre.



Es una especie de halcón muy peculiar en cuanto a su distribución y fenología. Sus cuarteles de invernada se localizan en Madagascar, Islas Mauricio y Reunión, mientras que sus áreas de reproducción están en acantilados costeros de islas de la cuenca del Mediterráneo, con algunas poblaciones en la costa atlántica de Marruecos y en las Islas Canarias.


Su peculiaridad radica en que retrasa su periodo reproductor para hacerlo coincidir con el paso postnupcial de sus principales presas, pequeñas aves que viajan hacia África una vez concluida su época de cría, siendo el ave más tardía en reproducirse en España, no iniciando la reproducción hasta finales de julio, primeros de agosto, para hacer coincidir el nacimiento de los pollos con la migración de sus presas. Pero a la Península Ibérica llega en abril o mayo, y antes de iniciar la reproducción, algunos de ellos se desplazan al interior peninsular. Es en ese momento, entre los meses de junio y julio, cuando se le puede ver en Segovia, especialmente en los pinares que envuelven las Lagunas de Cantalejo, donde aprovecha para alimentarse de gran cantidad de insectos, destacando escarabajos sanjuaneros y libélulas que capturan en vuelo.


Texto: Ignacio Domingo
Fotografías: Jorge de la Cruz
Mapa: wikipedia

domingo, 17 de julio de 2016

SUPERVIVIENTES



Aunque todos los nidos de aguilucho tienen su historia y todos son igual de importantes, me gustaría detenerme en uno especial. Se trata de un nido que fue descubierto el día 29 de mayo; en su interior había 5 huevos. Hasta aquí todo normal, pero la pareja de aguiluchos había decidido instalar su bien más preciado en un cultivo de veza, una leguminosa que se emplea como forraje para el ganado y que se cosecha en verde. No había ninguna posibilidad de que el nido saliera adelante por si solo, los plazos iban a ser demasiado cortos, por lo que tocaba intervenir de urgencia. 



Después de colocar el vallado de protección el 30 de mayo, la tierra fue cosechada el día 1 de junio, seguramente, con huevos aún en el nido. Lo normal hubiera sido que la pareja abandonara la puesta, así ocurre en la mayoría de las ocasiones, pero estos aguiluchos decidieron seguir adelante.




La veza es una planta trepadora, que necesita el soporte de otra planta para ascender en busca del sol, por lo que no se suele sembrar sola, sino que se la acompaña de otro cereal como la cebada o el centeno, pero en este caso, no sucedió así, y la altura que alcanzó fue mínima; apenas proporcionaba sombra a los pollos, que tenían que aguantar, durante más de 1 mes, por un lado, las altas temperaturas del verano, y por otro, la exposición continua ante posibles depredadores. Por si fueran pocos problemas, el nido estaba situado a escasos metros de un camino y de una carretera. Todos estos factores negativos nos hacían temernos lo peor. En una visita al nido el día 12 de junio, descubrimos que la mitad de la nidada había sido depredada, lo que hizo saltar todas las alarmas. Decidimos llamar a los agentes medioambientales de la Junta de Castilla y León para ver la posibilidad de trasladar los 2 pollos que quedaban al Centro de Recuperación de Animales Silvestres (CRAS), pero eran demasiado pequeños, tenían menos de 10 días de edad, y en el CRAS no podían atenderlos. Por suerte, contaban con unos padres formidables y con toda nuestra ayuda. Colocamos una malla de sombreo para proporcionarles sombra y protección y los dejamos en las mejores manos posibles, las de sus progenitores. 




En las distintas visitas al nido fuimos comprobando con alegría como los dos pollos crecían satisfactoriamente. Tuvieron que soportar varios días seguidos de fuertes tormentas a primeros de de julio, pero esta familia superó todos los obstáculos que se les fueron poniendo por delante, alzando el vuelo los dos pollos a primeros de julio.



A uno de ellos se le colocó una anilla metálica y una anilla de PVC con un código alfanumérico para su identificación a distancia, por lo que quien sabe, igual nos siguen dando alegrías a lo largo de su viaje migratorio, y quizá un día, volvamos a verlos por Segovia fundando una nueva familia de aguiluchos.



sábado, 2 de julio de 2016

... Y LLEGARON LAS COSECHADORAS

La campaña de protección del aguilucho cenizo es una lucha contra el tiempo. La cuenta atrás se pone en marcha con la llegada de los primeros individuos en el mes de abril y finaliza cuando las cosechadoras recogen el cereal de los campos de cultivo.

Cosechadora recogiendo el cereal
Las cuchillas están empezando a dar cuenta de los cebadales, para posteriormente continuar con los trigales, terminando su labor con la recogida del centeno. Estas últimas semanas se nota la presión, encontrar un nido de aguilucho resulta ahora más importante que nunca. En la próxima tierra a cosechar puede haber unos pollos indefensos... Pero ellos permanecen ajenos a este devenir de los acontecimientos. Quizá sus padres, con el paso de los años, hayan aprendido el significado de esas enormes máquinas que se mueven en los alrededores y quizá, se afanen estos días en la caza, para que sus crías se desarrollen lo antes posible y alcen el vuelo con prontitud, alejándose del peligro que le acecha. Este año, parece que los plazos van un poco retrasados con respecto a un año normal, lo que nos hace pensar que muchos nidos podrán salir adelante sin intervención de ningún tipo. Por el momento, de los 28 nidos encontrados, han necesitado vallado de protección 8, contando entre ellos los 4 que hubo que vallar al comienzo de la campaña debido a las siegas en verde.




Vallados de protección en nidos de aguilucho cenizo

Como es obvio, los pequeños pollitos de hace unas semanas ya van cogiendo peso y empiezan a sustituir el plumón por las plumas de vuelo. Pronto podrán acompañar a sus padres en sus lances de caza o en la prospección del territorio, aprendiendo de ellos lo que conlleva ser un aguilucho.



Pollos de aguilucho cenizo de unos 20 días de edad