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sábado, 28 de abril de 2018

VALLE DE TEJADILLA


Con 14 años realicé mis primeras visitas al Valle de Tejadilla. Por aquel entonces yo estudiaba 3º de la ESO y en la asignatura de Biología y Geología teníamos que hacer el conocido como “Trabajo de los 5 meses”. Se trataba de elegir un espacio natural próximo a la ciudad de Segovia y hacer un estudio ambiental del lugar, analizando su historia geológica, climatología, fauna y flora, tipos de suelos, caudal del río, contaminación, impactos ambientales, propuestas de mejora… En esos momentos, mis conocimientos sobre la fauna ibérica eran más bien escasos, desconociendo que era lo que me podría encontrar en ese entorno. Entre los recuerdos que aún conservo de esas salidas de campo con Alberto, Óscar y Luis, mis compañeros de aquel trabajo, está mi primer encuentro con un zorro, que al vernos salió corriendo sin mirar atrás y al que no quité el ojo hasta que se escondió entre los matorrales. Posteriormente, con los años, han sido múltiples las escapadas por el Valle, descubriendo su fauna y su flora, la cual en estas líneas voy a tratar de resumir, centrándome especialmente en las aves que allí habitan a lo largo del año.

Introducción de la formación geológica del valle

Antes de adentrarnos en el Valle de Tejadilla, conviene viajar en el tiempo hasta la afamada época de los dinosaurios, al Cretácico superior, hace 65 m.a.. Los restos fósiles que se encuentran en el valle y el estudio de las rocas, nos cuentan que por aquel entonces Segovia era un enclave costero de la Península, en la que solo emergían del agua las cadenas montañosas. En el valle se sucedían los flujos mareales, que junto con la desembocadura de los ríos, dejaban sedimentos que con el paso de los años se transformaron en las rocas calizas, dolomías, arenas y arcillas que conforman en la actualidad las paredes rocosas del Valle.


Posteriormente, ya en el Cuaternario, hace 1,6 m.a, las grandes cuencas fluviales provocan un gran proceso erosivo sobre las rocas sedimentarias, produciéndose el encajonamiento del arroyo, a la vez que se deposita gran cantidad de sedimentos en las llanuras de inundación, generando suelos fértiles donde actualmente se asienta gran parte de la vegetación arbórea y arbustiva del valle.


Excavaciones paleontológicas realizadas en algunas cuevas del Valle, como la cueva del búho, también nos aportan información muy interesante de la fauna presente en tiempos pretéritos. Hace 90.000 años, en el valle habitaban hienas de las cavernas (Crocuta crocuta spelaea), que cazaban a sus presas en los fondos de valle y/o en las zonas esteparias o bien se nutrían de los restos de las carroñas abandonados por los grandes depredadores de la época, como eran los leones de las cavernas (Panthera leo spelaea), leopardos (Panthera sp) o lobos (Canis lupus sp). Además de estos restos fósiles también se han encontrado restos de rinoceronte de pradera (Stephanorhinus hemitoechus).

Hábitats del Valle de Tejadilla


o     Cortados rocosos

Los cortados formados por rocas calizas y en menor medida, areniscas, se alzan imponentes en algunas zonas del valle. En las oquedades formadas por la acción erosiva del agua que se infiltra entre la roca, encuentran refugio y un lugar donde colocar sus nidos una gran variedad de aves; rapaces como el cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) o el mochuelo europeo (Athene noctua), córvidos como el cuervo (Corvus corax), la corneja negra (Corvus corone), la grajilla (Corvus monedula) o la chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax); los vistosos abejarucos (Merops apiaster), que excavan ayudándose de sus picos, galerías en la roca arenisca donde crían a sus polluelos. El gorrión chillón (Petronia petronia), el colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) o la paloma bravía (Columba livia) también habitan estas paredes.


 Grajillas

 Abejaruco

 Cernícalo vulgar

Mochuelo europeo

o     Páramo

En el pedregoso páramo, ubicado en las zonas más elevadas del Valle, la vegetación natural formada por plantas herbáceas y matorrales rastreros de plantas aromáticas como el tomillo salsero (Thymus zygis) y la salvia (Salvia pratensis) ha sido desplazada en gran parte del terreno por cultivos de cereal de secano. En las primaveras lluviosas, resulta fácil observar, prestando atención, varias especies de orquídeas como Ophrys lutea y Ophrys sphegodes.


Estas zonas suelen ser frecuentadas por rebaños de ovejas y entre las aves se pueden observar alondra común (Alauda arvensis), cogujada común (Galerida cristata) y cogujada montesina (Galerida theklae). El plumaje de estos aláudidos, de colores marrones, pardos y ocres, les permite pasar desapercibidos cuando se encuentran en el suelo y dificulta en gran medida su observación así como distinguir unas especies de otras. La perdiz roja (Alectoris rufa) y la codorniz (Coturnix coturnix) también frecuentan los páramos del Valle de Tejadilla, pero al igual que pasa con los aláudidos, nos será más fácil oirlas que verlas. En los majanos dispersos por el páramo, encuentran refugio los conejos (Oryctolagus cuniculus) y se puede observar, oteando desde lo alto, collalba gris (Oenanthe oenanthe).

Cogujada común

En sus movimientos diarios en busca de alimento, es posible observar sobrevolando el páramo a las tres especies de buitres presentes en la provincia: buitre negro (Aegypius monachus), buitre leonado (Gyps fulvus) y alimoche (Neophron percnopterus), así como águila culebrera (Circaetus gallicus) buscando dar cuenta de las culebras de escalera (Rhinechis scalaris) y culebras bastardas (Malpolon monspessulanus) que habitan en este entorno. En las torretas de la luz y antiguos postes de teléfono que atraviesan el valle, podemos ver posado, al busardo ratonero (Buteo buteo), a la espera de que bajo sus pies se deje ver algún confiado ratón.

 Alimoche

 Buitre negro

Buitre leonado

o     Ecosistema fluvial de ribera

El arroyo Tejadilla atraviesa el Valle de Sureste a Noroeste a lo largo de 3,5 Km.. Ha sido sin duda el gran modelador del actual paisaje. En sus orillas crecen especies arbóreas como chopos (Populus sp.), sauces (Salix sp), olmos (Ulmus minor) y alisos (Alnus glutinosa) y gran cantidad de especies arbustivas, destacando la zarzamora (Rubus ulmifolius) que en muchas zonas impide por completo el acceso al cauce. La vegetación de ribera proporciona alimento y refugio a una gran cantidad de aves de pequeño y mediano tamaño, como el mirlo común (Turdus merula), pico picapinos (Dendrocopus major), pito real (Picus viridis), cuco (Cuculus canorus), oropéndola (Oriolus oriolus), paloma torcaz (Columba palumbus), curruca capirotada (Sylvia atricapilla), chochín (Troglodytes troglodytes), ruiseñor bastardo (Cettia cetti), ruiseñor común (Luscinia megarhynchos), petirrojo (Erithacus rubecula), herrerillo común (Cyanistes caeruleus), carbonero común (Parus major), escribano soteño (Emberiza cirlus), pinzón vulgar (Fringila coelebs), zarcero políglota (Hippolais polyglotta), verdecillo (Serinus serinus) y verderón común (Chloris chloris). Muchas de esas especies las descubriremos más fácilmente si sabemos distinguir sus hermosos y variados cantos, ya que por lo general se ocultan entre las hojas y las ramas de la vegetación y se mueven con gran velocidad, haciendo difícil captar su presencia con la vista.



Chochín

 Curruca capirotada

Zarcero políglota

En la lámina de agua, especialmente cuando el arroyo baja con más caudal, se puede observar con suerte garza real (Ardea cinerea) y alguna pareja de ánades reales (Anas platyrhynchos). En los árboles más altos instalan sus nidos rapaces como el milano real (Milvus milvus), milano negro (Milvus migrans), águila calzada (Aquila pennata), azor (Accipiter gentilis) o gavilán (Accipiter nisus).

 Milano real

Águila calzada

o     Laderas con arbustos y matorrales de medio y bajo porte

En algunos enclaves del valle, los cortados rocosos desaparecen dejando su paso a laderas donde aparecen de manera dispersa arbustos de medio y bajo porte como majuelos (Crataegus monogyna), rosales (Rosa canina), endrinos (Prunus spinosa), así como sabinas (Juniperus thurifera) provenientes de acertadas plantaciones realizadas en el pasado. 


En estas zonas de transición entre el río y el páramo, podemos encontrar alimentándose especies como la abubilla (Upupa epops), curruca carrasqueña (Sylvia cantillans), curruca zarcera (Sylvia communis), pardillo (Carduelis cannabinna), jilguero (Carduelis carduelis), alcaudón común (Lanius senator), escribano montesino (Emberiza cia) o el triguero (Miliaria calandra).

Curruca carrasqueña

 Jilguero

Triguero

 Alcaudón común

Esta variedad de hábitat hace que a lo largo del año se puedan ver en el Valle unas 70 especies diferentes de aves, entre residentes, invernantes, estivales y en paso, estando algunas de ellas amenazadas de extinción. Desde estas líneas animo a todos los segovianos amantes de la naturaleza a recorrer este precioso enclave que tenemos tan cerca y que para muchos es completamente desconocido, pero eso sí, siendo respetuosos con el medio ambiente, sin dañar su flora y su fauna para que sus importantes valores naturales se preserven para el disfrute de futuras generaciones.  

Bibliografía consultada:

Análisis de la situación ambiental del Valle de Tejadilla: Evolución geológica y paleontológica. Importancia ecológica y perspectiva de futuro. Plan de uso y gestión. Alfonso Arribas Herrera y Juan Antonio Rodriguez. Premios del IV concurso sobre el medio ambiente

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Estupendo reportaje, Nacho

Honorio dijo...

Una entrada magnífica de este valle Segoviano, que debería además ser limpiado por el Ayuntamiento y cuidado por todos los Segovianos.

Gran trabajo, Nacho!!

tune zuñiga dijo...

Muy bueno!! Una pregunta, creo q es la cueva de la llave la que se introduce muy adentro del valle, sabes asta donde llega?

juanc7 dijo...

Gracias Nacho...gran reportaje...veo que no te olvidas de tu tierra.....